Sikuchi, La Chimuchina, [1998]

octubre 31, 2011 Comentarios desactivados en Sikuchi, La Chimuchina, [1998]

Este registro es parte de un maravilloso objeto de arte titulado Que tu ‘ser’ sea bienvenido a este mundo producido en 1998. El proyecto tiene una historia hermosa: escribiendo desde Paris Ramuntcho Matta, su autor,  señala “Volviendo a mis recuerdos más lejanos, no creo haberme dormido sin tener delante de mis ojos, y luego en mis sueños, la pintura de Victor Brauner ‘Que tu ser sea bienvenido a este mundo’. Victor Brauner era muy amigo de mis padres y pintó esa obra para mí, antes que yo naciera. No sé como explicarlo, pero tengo la sensación que esa imagen me dio fuerza para la vida […] así cuando tuve la idea de hacer un objeto de arte para los recién nacidos uniendo expresiones de diferentes artistas, fue el concepto de esa estampa la que tuve en mi mente: como proponer a los niños un amplio horizonte de posibilidades, dándoles así más realidades, un bagaje que necesitarán durante sus pasos por la tierra”. Desde Santiago Isabel Muñoz produjo el aporte local, escribiendo que “la belleza y fuerza espiritual que vi en este proyecto me llevaron a congregar al mundo artístico chileno para crear una obra única y hacer realidad este homenaje”.  El objeto material es una caja que contiene el Libro de presentación, 15 piezas que componen un rompecabezas con la obra de Victor Brauner y a su reverso 15 obras de artistas plásticos chilenos, Libro de cuento de Antonio Skármeta con ilustraciones de Samy Benmayor, Libro de poemas de Diego Maqueira y Raúl Zurita con ilustraciones de Maquieira y Roser Bru, y un Compact Disc con composiciones de 15 músicos chilenos. Yo creo que fue la primera vez que se consideró en tal categoría a  La Chimuchina (José Pérez de Arce, Claudio Mercado, Cuti Aste, Norman Vilches y Víctor Rondón). En mi opinión esa fue la mejor época del grupo y en esta grabación se nota: detrás del tejido de las sonajas se acerca el grupo, tocando libremente flautas, silbatos y ocarinas, luego se sincronizan en dos grupos que leen las partituras ‘precolombinas’ de Periko Pérez, alejándose luego mientras cambian de pulso según lo precisan los desplazamientos corporales de los chimuchines, siempre en movimiento. Aunque para entonces mis hijos ya eran adolescentes mayores,  y mi hija pequeña aún no nacía, quisiera que esta hermosa intención materializada colectivamente les alcance y acompañe para siempre.

Sikuchi Chimuchna 1998

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